sábado, 28 de marzo de 2009

Wasted Years

No puedo dejar de hablar de uno de los conciertos más grandes de mi vida: Iron Maiden.

He regresado con un par de golpes a mi casa y demasiado cansado por estar parado todo el día haciendo cola (razón por la cual he dormido todo el viernes) con el fin de estar cerca al escenario. Para ello, unos amigos y yo decidimos turnarnos para reservar un sitio en la cola.

Ilusamente, pensamos que la cola no llegaría a más de 50 personas acampando en el Estadio, por lo que optamos por ir a las 9 de la mañana para asegurar un buen lugar. Como cualquier persona que haya pasado por el Nacional ese día, no fue así. Luego de putear a la vida (había que hallar culpables de nuestra desgracia), hicimos nuestra cola ya dando la vuelta a la esquina, cerca al área donde entraban los buses con las bandas. El lugar era lejos, pero no tanto, lo que lo convertía en un sitio privilegiado. De pronto, escuchamos por ahí que las puertas abrirían a las 2 PM. Eso nos daba 2 horas de espera y por fin entrar.

Ilusos nuevamente esperamos las 2 horas, las cuales se convirtieron por arte de magia en 3 horas y comenzamos a pasar. Cada vez nos aproximábamos más e hicimos un pacto ya que sabíamos lo que nos esperaría: si por alguna razón nos separábamos, debíamos encontrarnos en los baños cerca de la salida. Ya adentro me di cuenta que ese pacto lo hicieron 6 mil personas también. Pero lo que 6 mil personas no pensaban era encontrarse con gente que no querían.

Ya dentro mi sitio cerca al escenario estaba bien protegido, por lo que decidí dar una pequeña vuelta para reconocer rostros de amigos y enemigos, sobretodo de enemigos porque esperar tanto en la cola me había puesto de mal humor, y eso, combinado con la falta de cerveza y los excesivos precios en las gaseosas y botellas de aguas, además de los helados, convirtieron a Santiago en un muchacho amargado y con ganas de romper cabezas, piernas, lo que se tope en su camino. Para mi sorpresa, no encontré a alguien que conozca.

Regresé a mi lugar junto a mis amigos cuando vi unos ojos que se me hacían conocidos. Me cayó de golpe ver esos ojos porque no los esperaba, mas todo estuvo en mi cabeza, solo eran parecidos a los de una chica.

Siempre que suceden esas cosas, mi cabeza comienza a pensar y hacerse mil preguntas, sobretodo la de siempre: ¿estará pensando en mí? Pero… ¡Estamos esperando a Maiden! A olvidarse de los problemas.

Luego de otras 3 largas horas, apareció la primera banda, M.A.S.A.C.R.E. Particularmente, no soy fan de esta agrupación nacional, pero tampoco los odio. Sin embargo, gran parte de los asistentes los adoran y coreaban sus canciones. Les seguí la corriente y debo admitir que dieron un gran espectáculo. Dejaron al público empilado de música para la siguiente presentación, la de Lauren Harris.

Todos los que fuimos no queríamos escucharla. Las críticas en distintas páginas ya le daban mala fama y las noticias de que ha sido abucheada en otros países habían llegado a nuestros oídos. Pero… es la hija de Steve Harris, hay que respetar. Así que, cuando ella apareció en el escenario, todos aplaudieron y algunos piropos faltosos típicos de un peruano arrecho no se hicieron esperar, es lo que pasa cuando una chica es simpática, extranjera, hija de un músico famoso y está frente a 30 mil personas, en su mayoría hombres.

Las canciones de su banda no me parecieron malas, soportables e hicieron un gran esfuerzo por seguir animando al público. Hay que reconocer que la chica tiene la valentía necesaria para seguir presentándose luego de haber sido rechazada por la fanaticada de varios países.

Terminada esta presentación, la gente solo contaba los minutos para ver a los grandes aparecer en el escenario y hacer que el Nacional gritará con ellos. Demoraron un poco en aparecer y de pronto me chocó una mirada de nuevo. Esta vez provenía de otra chica, pero me recordaba a la misma mujer. Seguí encaminando mi cabeza por otro lado, aunque la pregunta me la volví a hacer.

A la hora de escuchar el discurso de Churchill, me concentré solo en una cosa: era tiempo de elevar mi brazo. Y junto a todo el Perú coree cada canción y tuve la mejor noche de mi vida musicalmente hablando.

Ir en detalles respecto a la presentación de Maiden no me corresponde, no hago reseñas de conciertos y existen personas que pueden describir lo que se vivió esa noche. Yo estuve en otra. No me importaba que los puestos de cerveza, la cámara fotográfica que tenía en la mano, que no viera a mis amigos cerca (los perdí durante todo el locurón que provocaba Maiden en la gente), yo simplemente quería disfrutar de una de mis bandas favoritas y unirme al pogo más genial en el que iba a estar.

Terminé con un par de golpes, como mencioné arriba, pero nada serio, gajes del oficio. Pero mientras coreaba cada canción, algunos problemas aparecían en mi mente, convirtiendo en algo más grande y elevado este concierto, formándolo parte de mi banda sonora personal y es por eso que coloqué esta canción en particular. No, no pensaba en la chica que me miraba, pensaba en otra más, en alguien que me hizo daño y que con solo recordarme los buenos momentos, crea un velo en mis ojos y mi mente, y por un instante me hacen olvidar todo.

Creo que ella siempre busca lo mismo, que todo regrese a aquellos días, tal vez porque me necesita, tal vez porque es cierto y yo fui el gran amor de su vida, la persona que más ha amado y que más la ha amado. Pues la verdad, no lo sé. Decir que no pienso en ella todos los días es tonto, estoy escribiendo sobre ella ahora. También fue a ella a quien buscaba antes del concierto, pero sobretodo, a su novio para aprovechar y golpearlo en el pogo, así como él hubiera hecho si me encontraba.

Ahora me doy cuenta que ella no es la única que busca lo mismo, porque por un momento, como ya lo dije, me olvido de lo que pasó y también busco revivir el pasado y me convierto exactamente en ella, y todo se repite cuando la vuelvo a ver, una vez más.

Regresaré a dormir, ya amaneció nuevamente y me sigue doliendo el cuerpo y los recuerdos.


[Track: Iron Maiden – Wasted Years]

jueves, 19 de marzo de 2009

Sex On Fire

Hoy tengo una misión: dormir con una chica.

Luego de un fin de semana con unos amigos, lleno de relatos sobre las aventuras de una noche de verano, se concluyó que a mí me falta eso. Consulte con mi mejor amiga esta misma tarde y ella respondió que sí, que lo necesito. Es más, que debo hacerlo esta misma noche. Acto seguido hizo la señal de la cruz y me dio su bendición.

Tenía que cumplir esa misión, por lo que busque cualquier reunión que hubiera hoy. Si la encontraba, sería una señal del cielo y Dios estaría diciéndome “dale picarón”. Pues creo que al Todopoderoso le gusta que peque un poco, porque justo unos amigos se estaban reuniendo en casa de una amiga. Me di un rápido duchazo y fui a su encuentro.

Ya en la reunión encontré a personas que conocía y a otras que no. Al principio solo conversaba con la gente que ya manyaba, nadie me presentaba las caras nuevas y toda la reunión estaba dividida en grupos: unos en la sala, otros en el comedor, algunos en la cocina y otros en el jardín. El tiempo avanzaba y no había hecho movimiento alguno para conocer a una mujer y terminar mínimo con un beso. La misión ya era un fracaso y es que no pensaba hacer eso con alguna amiga de mis amigos. Las razones eran demasiadas. Primero y ante todo, son amigas de mis amigos. Segundo, no sé si tengan enamorado y yo esté metiendo mi nariz en tierra prohibida. Tercero, si son amigas de mis amigos, las considero chicas decentes. No importa que hablen mil groserías (yo también lo hago); no importa que justo cuando estoy regresando del jardín, una le diga a otra “el escote se me está cayendo” sin darse cuenta que estoy presente, que luego me sonría (mientras mi cara se sonroja y los malos pensamientos cruzan por mi cabeza al ver su escote) y me pida un cigarro; no importa que después de tanta música y alcohol, tenga que acompañar a alguna hasta su casa (un caballero siempre debe acompañar a una mujer hasta su casa); no importa que justo esa chica, la misma chica del escote atrevido, tenga la casa completamente desocupada y me invite a pasar (debo asegurarme que se sienta bien); no importa que justo cuando estoy sentado en el sillón, escuche música de no sé dónde (esa canción me gusta); no importa que de pronto sienta que alguien está encima mío besándome y desvistiéndome (eso también me gusta); yo JAMÁS me aprovecharía de las amigas de mis amigos, pero sí dejaría que se aprovechen de mí.

Misión cumplida.


[Track: Kings Of Leon – Sex On Fire]

jueves, 12 de marzo de 2009

Hero Of The Day

No suelo despertar con lágrimas en los ojos después de un sueño, habrán sido tres veces (incluyendo esta) en las que he despertado así y con un mal sabor de boca. Necesitaba contárselo a alguien, encontrar una respuesta a este sueño, así que hablé con una amiga, de la cual agradezco su ayuda, pero no fue de mucha utilidad. Estoy completamente consciente que tengo problemas con mi padre, no hace falta de un sueño para saberlo.

Luego de conversar con ella, comencé a pensar en todo lo que no converso con mi padre y solo en las palabras que intercambiamos. Por un lado está el odio que siento hacia él y hacia mi madre por nunca preocuparse por mí, pero sería injusto de mi parte porque no suelo comunicarme con ellos, prefiero no causar más preocupación de la que ya tienen y actúo como un hijo fuerte, tal y como me enseñaron, tal y cómo me ven. Entonces mis sentimientos son contradictorios, porque me preocupo por ellos, pero los odio y les deseo todo lo mejor, tengo miedo a perderlos, pero quiero vivir muy alejado de ambos para que no se entrometan en mi vida, y no quiero que se entrometan en mi vida porque no quiero que se sientan mal si algo sale mal.

Es así como he crecido todo este tiempo, aprendiendo a guardar todo lo que me incomode y cuando algo me incomoda demasiado, comienzo a gritar y a pelearme con ellos, sin llegar a una solución. Entonces, ¿cómo no tener problemas con mis padres si siento que no me conocen? Pero es tarde para quejarse al respecto, ya estoy demasiado grande para hacerlo y solo debo adaptarme, o es lo que dicen los demás, y tener esos sueños extraños donde veo a mi padre poseído por algo, tratando de atacar a personas inocentes y lo único que hago es golpearlo hasta que despierte de su trance y vea asustado como su hijo va a darle un puñete en el rostro.

Aún no puedo olvidar el sueño. Ese mismo día pensé acercarme a mi papá y decirle que lo quiero, pero todo quedó en pensamiento, porque para él seguro sería un tonto sueño y no debo hacerle caso, yo hubiera regresado a mi cuarto dejándolo con el pensamiento de que su hijo lo odia.

Entonces es mejor callar y guardarse todos los problemas que uno tiene hasta el siguiente sueño.


[Track: Metallica – Hero Of The Day]

jueves, 5 de marzo de 2009

Wild World

Nunca he sido bueno para las despedidas. Y es que despedirse de las personas importantes en tu vida siempre es difícil. No importa si el motivo por el cual te estás despidiendo es bueno o malo, un adiós no basta para decir lo que realmente sientes.

Anoche, luego de estar tomando con unos amigos, decidí pasear un momento por el malecón, mientras recordaba una ocasión especial en la que tuve que decir adiós.

En ese momento, las cosas no estaban bien entre ella y yo. Ya habíamos terminado hace 3 meses y no sabía si acercarme y decirle que la extraño, si valía la pena hacerlo, y, sobretodo, no sabía si ella también me extrañaba. Y así como esta noche, camine durante un buen tiempo pensando si ir o no ir.

Cuando piensas en lo que debes hacer respecto a un rompimiento, muchos recuerdos vienen a tu mente y comienzas a balancear la cantidad de buenas historias que tuviste junto a ella y la cantidad de malas que se generaron. Entonces, mientras lanzas una sonrisa al cielo y luego pateas una piedra por impotencia, ves que sigues en limbo, olvidando la razón que te llevó a caminar por ese sendero en primer lugar, el único motivo que importa.

Esa noche logré recordar ese motivo y fui hasta la casa de ella. El trayecto no fue muy agradable, es más, fue demasiado incómodo y solo logré soportarlo gracias a la idea de “el camino difícil es el más satisfactorio”. No me importó lo que sucedía en ese momento, la mala música que me acompañaba, el olor apestoso del tipo del costado, la señora comiendo fruta de la forma más asquerosa posible, no sé si dejando la cáscara oculta en el asiento; todo eso formaría parte de la historia que le contaría a mis hijos y nietos cuando, después de ver alguna película familiar norteamericana, me pregunten “papá, ¿y cómo enamoraste a mamá?”.

Por fin llegué hasta su casa. Tenía ese temor que uno siente cuando por primera vez se va a declarar. En todo el camino pensé las palabras exactas para decirle lo que realmente sentía respecto a todo y expresarle que todas las heridas no duelen tanto como estar sin ella. Repasé bien cada palabra en mi mente para que sea un momento memorable, pero al bajar del micro, todo se había borrado. Igual me dirigí hasta su casa, pero no llegué a pasar del arbusto de la esquina. Tuve que detenerme para ver como un chico que la pretendía se despedía de ella, dándole un beso en la mejilla. No quise ver más y me alejé, esperando que no me viera. Ella ya estaba continuando con su vida.

Regresé a mi casa decidido a no verla más. No quería saber de ella, planee sacarla de mi vida y hacer lo mismo, seguir adelante, aunque no tenía idea de cómo se hacía eso.

Por un buen tiempo no tuve noticias de ella, y para no caer en tentación de preguntarle a alguien, me distancie de muchos amigos, sin despedirme de ellos, así como no me despedí de ella apropiadamente, porque las despedidas duelen y creo que el silencio de varios meses dicen un adiós más que un adiós.

Luego de 6 meses, conocí a alguien. Después de mucho tiempo no sentía cosas así por una chica, claro que aún tenía el recuerdo de mi antigua novia, especialmente de esa noche que nunca me acerqué a su puerta. “Hay que seguir adelante” pensé y le dije a esa chica para estar. Pasé todo el día con ella hasta llegar la noche y me fui a mi casa para descansar y comenzar una nueva historia. Cuando llegué, encontré algo encima de mi escritorio. Era un chocolate, y no cualquier chocolate. Era mi chocolate favorito. Pregunté quién había dejado ese chocolate y me dijeron que era un regalo de mi ex. Me dejó pensativo, así como estoy pensativo esta noche y seguramente lo estaré otras más. Tal vez nunca dije adiós, tal vez ella nunca dijo adiós, tal vez debí tocar a su puerta y expresar lo que sentía, o tal vez ambos somos tontos y no hemos aprendido a interpretar bien el silencio.

Es por ello que no me gustan las despedidas, nunca sabes qué faltará por decir, solo sabes que no quieres despedirte. Y es tan difícil despedirse, que incluso no sé cómo terminar este texto.


[Track: Cat Stevens – Wild World]