jueves, 21 de mayo de 2009

Ob-La-Di, Ob-La-Da

Para mi querido hermano:

Siempre que escucho esta canción, te recuerdo. ¿Por qué?
Porque eres un idiota.

Atte.,
Santiago


[Track: The Beatles - Ob-La-Di, Ob-La-Da]

jueves, 14 de mayo de 2009

Afterglow

- ¡Maldita sea!
- ¿Qué pasa?
- Estoy feliz, jajaja.

Así es, me siento feliz. La pregunta es por qué y es lo que trato de entender.

Lo primero que piensa la gente cuando me ve feliz es que tuve relaciones sexuales. Eso fue lo que me dijeron hoy cuando me reuní con unos amigos. Tal vez mi estado de felicidad transmita una sensación de orgasmo, lo cual es entendible porque un orgasmo sí da una sensación de alegría (cada uno lo expresa con caras chistosas que no se da cuenta que las pone), pero no es la única razón por la cual puedo estar alegre.

Entonces todos tratan de adivinar de nuevo y la siguiente respuesta a mi felicidad viene a ser que me fumé un wiro. Me miran a los ojos, me preguntan qué gotas usé. Les digo que no he fumado nada y que me siento bien. Mi cara sonriente los asusta un poco porque no soy así. Alguien dice “debe ser el fin del mundo”, pero ya hemos pasado por varios así porque no es la primera vez que me siento feliz, aunque hoy es distinto.

¿Qué podría hacerme feliz? La respuesta demasiado compleja y que he intentado responderme todo este tiempo. La verdad, yo no lo sé aún. Solo sé que me encuentro feliz mientras escribo esto y me doy cuenta que cuando hablo feliz, contagio a otros, como a mi amiga que vi en la tarde y quien también me vio con ojos extraños. Salimos a comprar un par de cosas y todo fueron risas en un día soleado. Me dijo que estaba cambiado y la conversación que tuve con mis amigos se repitió con ella.

Regresé a mi casa y nadie había revelado el misterio. Era de esperarse y lo más extraño es que yo tampoco lo había descubierto. Me conecté para escribir al respecto y tratar de entenderlo. Necesitaba una canción para empezar y se la pedí a alguien, pero ella me dio algo más: una sonrisa, un corazón, una mirada y una respuesta para comenzar a escribir todo esto.

^^


[Track: INXS – Afterglow]

jueves, 7 de mayo de 2009

Don't Look Back In Anger

Normalmente cuando alguien da un consejo, siempre respondes “es fácil decirlo, pero no hacerlo”. Y si no respondes eso, igual sabes que es difícil hacer lo que te aconsejan. Pero, ¿qué pasaría si sí fuera fácil hacerlo? Entonces viviríamos en un mundo perfecto.

Pues el jueves pasado yo no buscaba consejo alguno porque no lo necesitaba. Estaba feliz, iba al concierto de Oasis. Salí de mi casa con las canciones sonando en mi cabeza y me dirigí donde un amigo del colegio para buscar a otra amiga del colegio y luego encontrarnos con otras dos amigas del colegio y todos juntos ir al Estadio para recordar los 90’s, a los profesores, los chongos y la cuenta que le llegó a nuestros padres por todo lo que incendiamos, destrozamos y/o pintamos en el salón.

Al llegar, hicimos nuestra cola respectiva acompañado de un par de cervezas. Ya dentro repetimos la ceremonia de espera por los hermanos Gallagher mientras veíamos caras conocidas y desconocidas. Para variar, pensé que ese día me encontraría nuevamente con antiguos amores y que justo cuando tocaran una canción, ella y yo nos toparíamos y sería un momento incomodo, pero digno de escribir. Sin embargo, nada de eso pasó. A pesar de que medio Lima invadiera el Nacional, solo me encontré con buenos amigos.

Cuando comenzó el concierto, se sintió la buena vibra por parte de la banda y del público. No importaba si estabas deprimido, los ánimos crecían y te ponías a cantar hasta más no poder. Fue así como lo hicimos, hasta que le tocó el turno a Wonderwall, una de las razones y tal vez la principal razón de muchos para ir ese día. En ese momento no nos separamos, pero tampoco nos abrazamos. Cada uno cantaba en su lugar a viva voz y guardaba silencio a la vez, perdiéndose entre los sonidos que traían a flote los recuerdos. Yo hice lo mío por mi lado, pero feliz, y cuando terminó la canción, aplaudí y bebí.

Ya luego de un par de canciones más, hubo una especie de silencio y Noel iba a tocar, no sabía qué, no soy de buscar el playlist en Google antes de un concierto. Entonces comenzó Don’t Look Back In Anger y me perdí de nuevo. Al principio fueron momentos de mi pasado, recuerdos de alguien que quiero olvidar y que es difícil. Pero junto a esos recuerdos, también apareció otra persona y mientras escuchaba la canción, pensaba en ella. Me sentí tranquilo y por primera vez había encontrado paz respecto a lo demás. Ya no tenía ese resentimiento. Solo dí gracias y continué cantando.

De ahí en adelante seguí cantando con mis amigos, pasando por Champagne Supernova y terminando con I Am The Warlus, un cover de The Beatles. Salimos del concierto y después de un buen reencuentro de promoción, cada uno se fue satisfecho a su casa.

Camino a casa, seguí pensando en esa canción y en lo que sentí. En ese momento quise llorar, pero nunca dejo que me vean llorar en público y contuve mis lágrimas hasta llegar a mi cuarto. Ese día lloré de felicidad por primera vez.

Como decía, siempre es más fácil decirlo que hacerlo, pero cuando ella me lo dice, todo se vuelve sencillo, así que gracias por hacer de mi mundo un lugar perfecto.


[Track: Oasis – Don’t Look Back In Anger]

jueves, 30 de abril de 2009

Mi enfermedad

Ahora mis semanas comienzan con noticias, y como toda noticia que aparece en la televisión, estas también son malas. Dicen que hay pandemia en México. Todos toman precauciones para no contagiarse, comprando mascarillas y evitando cualquier contacto con otro ser humano. Pero bueno, yo no vivo en México, así que apago mi televisor y salgo a la calle para respirar el aire no tan puro que mi ciudad de cielo gris me ofrece. Los rayos del Sol tratan de cambiarle el color, pero solo te permiten una mejor visión de ese color que para muchos es deprimente, pero para mí está bien. Y también me parece excelente tener esta libertad de ir de un lado a otro, sobretodo frecuentar lugares con mucha gente. Pero yo quería todo lo contrario. Deseaba permanecer en mi casa, pasar una noche tranquila en mi humilde hogar, completamente solo, sin embargo un ser indeseable para mí llegó y arruinó esa tranquilidad. No me quedaba otra opción: debía salir.

Llamé a mis amigos y me dijeron que planeaban ir a la conocida Noche de Blanco en Miraflores. El año pasado me había parecido un completo fracaso y no quería ir, pero era eso o quedarme, así que cogí mis llaves, algo de dinero y me dirigí a comenzar mi fin de semana, esperando que algo bueno saliera de este cambio de planes.

Cuando llegué al Estadio, supe que me había levantado por el lado equivocado de la cama. Frente a mí se encontraba un antiguo amor, tomando un taxi y acompañada de un tipo que en mi opinión es un huevón. Me hice el loco y ella también, porque no intentó saludarme como otras veces, seguí caminando y esperé que exista cierta distancia entre nosotros para poner mi rostro de mal humor y buscar a alguien para putear a mi maldita suerte.

Ya con mis amigos, me comencé a calmar un poco. Les conté lo sucedido y me dijeron que no le tome importancia, que disfrutará del espectáculo, que estaría genial. Luego comenzó el show y cambiaron de opinión. Teníamos que salir de ahí y conseguir algo que nos haga olvidar esa gran píldora audiovisual para dormir. Fuimos a un grifo por un par de cervezas para entonar la noche que estaba muriendo muy temprano y decidimos ir a una disco, pero no sabíamos a cuál. Después de intercambiar opiniones, se llegó a la fatídica decisión de regresar a ese mugroso lugar al que prometí nunca más volver. Entonces, tenía dos opciones: ir a mi casa donde no estaría tranquilo, o ir al mugroso lugar, comprar un par de cervezas y olvidarme que estaba ahí. Elegí la opción que me ofrecía anestesia.

Con un par de latas durante el camino, llegamos al local, donde entramos rápidamente y para nuestra sorpresa, no se podía caminar. Lo primero que pude observar fue a la patética imitación de Morrison haciendo un deprimente espectáculo en la tarima. Como no quería ver otra vez a ese tipo, me acerqué a la barra por una cerveza. Al voltear la mirada, mis amigos habían desaparecido y ahora tenía que sumergirme en ese mar de personas para encontrarlos. Di vueltas y vueltas por el lugar y fue ahí cuando la noche me dio una segunda sorpresa: mi ex, otra vez. Pero ahora, estaba frente a frente con ella, demasiado cerca gracias a todas las personas que nos rodeaban y no me quedaba otra opción más que hacerme el loco otra vez y pasar de largo.

Hasta ese día, pensé que mi habilidad para actuar como despistado era infalible, pero me equivoqué. Al encontrar a mis amigos, comencé a renegar por el hecho de encontrarme con ella de nuevo. “Chupa y no jodas” fue lo que escuché y me pareció un buen consejo. Me sequé un vaso, luego otro, y después tomé tranquilo, tratando de concentrarme solo en la música, pero el tipo que imita a Morrison no me dejaba. Siempre estaba ahí, junto a un amigo suyo que tocaba la guitarra de aire. Ambos eran los reyes del escenario (o pretendían serlo) y mientras veía qué tan patéticos son, los analizaba, descubriendo que ese tipo no solo imita a Jim Morrison, también intenta meterle parte de la personalidad de Brandon Lee en El Cuervo. Tenía ganas de subir y comenzar a golpearlo, pero esas ganas fueron interrumpidas, bloqueadas y eliminadas por la mirada de cierta persona, a lo lejos. Ahora tenía un nuevo objetivo: evitar la mirada de mi ex.

Para cumplir mi misión, fui por más cerveza. Al regresar, la vi pasando cerca a mis amigos, tratando de notar su presencia en el lugar, hasta que se dio cuenta que me aproximaba y se alejó sin decir una palabra. Mi mirada siguió de incomodidad y seguí tomando con mis amigos, mientras una amiga y yo nos preguntábamos qué habrá querido hacer al aproximarse tanto.

La noche pasaba, las botellas iban y venían, la música aumentaba sin necesidad de incrementar el volumen, otras personas llegaban, una chica me saludaba y la maldita mirada de ella seguía dirigiéndose hacia mi lado. Ya no lo soportaba, pero no le daría el placer de vencerme y así continué la noche hasta que una voz femenina preguntó “¿ya nos podemos ir?”. Y con esas palabras salvadoras para mi hígado, me retiré con el seño fruncido por dentro, para que no se diera cuenta; tomé un taxi y fui hacia mi casa.

En el camino quería romper todo: la ventana, el asiento, el timón, patear el taxi y terminar incendiándolo. Pero la gente cuerda no hace eso y para olvidar los primeros impulsos, comienza a meditar respecto a todo lo acontecido. Y así fue, pensé en toda la noche, desde que no quise salir hasta mi salida por la puerta grande. Llegué a mi casa y mientras encendía el televisor para ver las noticias, tomé la decisión de comprar una mascarilla y evitar que nuevamente su enfermedad me contagie mediante un beso y me haga perder tanto los sentidos que ni me dé cuenta de la chica bonita que me saludo. Qué bad…


[Track: Andrés Calamaro – Mi enfermedad]

jueves, 16 de abril de 2009

Precious

Generalmente suelo recordar los sueños que tengo cada noche, sean buenos o malos, y los recuerdo con lujo de detalles. Solo existe algo que me hace olvidarlos: que algo o alguien me despierte repentinamente.

Durante todo el día he tenido una sensación rara respecto al sueño de anoche. Estuve despertando por momentos debido a mi alergia que, poco a poco, me hizo olvidar cada evento del sueño. Llegó la mañana y solo tenía el presentimiento de haber visto a alguien de hace mucho tiempo. Decidí hacer mis cosas como siempre, esperando que algo me haga recordar lo que soñé.

Al ver la hora, tuve que alistarme rápido para encontrarme con un amigo. Debíamos ir al centro para buscar un par de tiendas y encontrar a una chica que le gusta, la misteriosa chinita. Para ello, armamos un plan bien elaborado de los lugares donde posiblemente se encuentre.

Conocíamos poco sobre ella. El primer encuentro que tuvo mi amigo y la chinita fue estudiando en el mismo instituto. Ella se retiró y no la volvió a ver hasta que en una fiesta de fin de ciclo, ella fue y tuvieron un agarre. Paso tiempo para que se vuelvan a encontrar, en una feria esotérica. Ella estaba vendiendo un par de accesorios para adornar la habitación. Algo lo detuvo para saludarla, supongo que fue temor. La feria duró tres días y ella nunca más apareció. No fue hasta una tarde donde otro amigo y yo estuvimos paseando por Miraflores y vimos una feria por la semana china (creo que por eso era) y la encontramos. Yo no la conocía, él me señaló que esa chinita era la que hacía fantasear a mi amigo. Me acerqué a su puesto para verla más de cerca, no nos conocíamos así que no habría daño alguno.

Entonces, ya teníamos un común denominador: ella está presente en ferias esotéricas. Suponiendo que esto hace para tener ingresos, debe vender sus accesorios en alguna tienda, por lo que tenemos dos misiones: buscar ferias y buscar tiendas de esoterismo. El lugar que conocemos donde abundan estas cosas es el centro y ahí nos dirigimos. Tomamos un bus y llegamos a la conocida Calle Capón.

Estuvimos paseando horas y horas, viendo una que otra tienda y desentonando con las personas que normalmente iban ahí. Era obvio que no compraríamos cosas y que nuestro objetivo era otro. Sin embargo, no podían adivinar cuál era y no lo comentarían con otros, se olvidarían rápidamente de nuestros rostros. Así fue toda la tarde, hasta que nos rendimos por ese día, almorzamos un menú de chifa (si estás en la Calle Capón, hay que aprovechar la situación) y comenzamos a caminar pensando en qué lugar podríamos buscar la próxima vez.

Ya había llegado la noche y queríamos tomar un par de tragos, pero el presupuesto no alcanzaba. En ese momento mi amigo sugirió ir a un casino y duplicar el capital. ¿Qué podía perder? Fuimos al primer casino que vimos decente, guardamos un poco de dinero para el regreso, por si la suerte no nos quería, pedimos las fichas y nos fuimos en busca de máquinas que nos dieran buena vibra.

Como no suelo tener suerte en esta clase de juegos, dejé que mi amigo juegue todas las fichas. Fue una mala decisión porque comenzó a perder demasiadas veces. Se molestó y prefirió que yo jugara lo último que quedaba. Así lo hice, metí ficha tras ficha y parece que la suerte me sonreía porque comencé a ganar cada partida de poker con la máquina.

Pasó poco tiempo y ya habíamos triplicado el poco capital que teníamos, suficiente para pasar la noche. Era momento de cambiar todas las fichas. Presioné el botó y la máquina comenzó a sonar. El sonido me parecía molesto porque todos volteaban a ver, algunos diciendo felicidades y otros solo observando. De pronto algo vino a mi mente y recordé mi sueño. Mi rostro, de lo contento que estaba, cambió a una seriedad total. El sueño no había sido muy agradable. Mi amigo me miró y me preguntó qué pasaba. Le dije que nada y fuimos a cambiar las fichas.

Es interesante como se puede controlar el tiempo. El camino hacia la caja me pareció largo, tan largo que me permitió pensar mucho al respecto. En el sueño, también había ganado un concurso, uno de esos concursos que deseaba ganar cuando era niño, donde te daban la oportunidad de entrar a una juguetería con un carrito y todo lo que metieras al carrito durante un periodo determinado sería tuyo. En mi sueño no fueron juguetes, fue en un supermercado y me ponían muchas reglas. No me importó, solo fui para la zona de helados y cogí todos los que pude. De pronto la primera tanda de estornudos de la noche apareció y se terminó esa parte del sueño. Cuando regresé a dormir, el mismo sueño continuó. Ya había pasado la etapa donde ganaba y estaba reunido con gente que supuestamente eran mis amigos. Dentro del grupo se encontraba ella, la chica que coloca demasiadas preguntas en mi cabeza, que genera temor de tomar la decisión equivocada todo el tiempo y que puedo perderla, a pesar de no estar conmigo. Me sentía bien, me gusta estar junto a ella. El sueño se perfilaba para ser una historia que le contaría a alguien, o que lo escribiría y lo guardaría para dárselo en un futuro cercano, hasta que nos movimos de lugar. Debíamos ir un quiosco para comprar algo, no recuerdo qué. Entonces, se acercó un chico a mi costado. Era alguien que no me cae bien en la actualidad. Su presencia me incomodaba, sobretodo porque se pegaba mucho a mí. Lo miraba con desprecio, tratando de que entienda que no se junte demasiado. De pronto me susurra algo al oído, referente al concurso que había ganado. “Podríamos comernos todo el helado juntos” me dijo, acompañado de una caricia, tratando de seducirme. Eso me hizo explotar y comencé a golpearlo. Después de toda la mierda que intentó hacer para dañarme, toda la habladuría que esparció por ahí, ¿tenía la concha más grande del mundo para acercarse y comportarse así conmigo? Mi deber era sacarle la mierda, es más, eso era lo que deseaba. Seguí con los golpes hasta dejarlo completamente irreconocible. Mis amigos me miraron espantados por lo que había hecho, pero sobretodo, ella me miró asustada. Fue a auxiliar a ese tarado y me dejó. Quería explicarle, pero sabía que no importaba qué le dijera, el huevón ya había logrado su cometido y nos logró separar. Después de tantos esfuerzos fallidos, consiguió herirme. En ese momento me desperté por segunda vez con otra tanda de estornudos. Desperté con un mal sabor de boca y traté de dormir un poco más. En el tercer sueño, ella ya no estaba, me encontraba solo con un vaso de cerveza en mi mano a punto de tomarlo. Estornudé por última vez y comenzó mi día en el olvido.

No sé si este sueño sea una especie de señal, no sé si alguien quiso que lo recordara y por eso me hizo ganar esa noche. Tal vez este sea el peor sueño que he tenido desde hace mucho tiempo y el temor que siento, de tomar la decisión equivocada y alejarla, se había hecho realidad en un lugar lejano.

Mi amigo me despertó del trance y cambiamos las fichas. Fuimos a un bar a escuchar música y ver a los demás bailar, quizás bailar también con alguien, aunque ganas ya no tenía. Al final, me encontraba tal y como terminó el sueño, bebiendo un vaso de cerveza y pensando en lo que había hecho.

La última vez que hablamos, ella se aseguró de que estuviera bien. Yo estaba consciente de que eso no sería posible, pero decidí callar y que se fuera feliz. Ahora ya se encuentra lejos de mí, pero hay distancias más grandes que las físicas y me pregunto si esas también existen entre nosotros.


[Track: Depeche Mode – Precious]

jueves, 9 de abril de 2009

Call Me

Pues bueno, después de que alguien me lanzará una pregunta personal, esto fue lo primero que recordé:

El fin de semana pasado tenía que ir al cumpleaños de una amiga, y digo tenía porque en realidad no quería ir, solo lo hacía por los años de amistad que tengo con ella y estaba seguro que la noche sería completamente aburrida. Por ello, días antes me aseguré que también vaya un amigo, así tendría con quién conversar, tomar un par de chelas y quejarme de lo mala que estuvo la noche.

Llegado el día, mi plan fue arruinado por un dolor de estomago. Sin un as bajo la manga, procedí a alistarme lo más lento posible para llegar lo más tarde posible e irme lo más temprano posible sin que se dieran cuenta, suponiendo que todos estarían ebrios. De repente, una luz naranja apareció en mi monitor. Era una amiga que hace tiempo no conversaba conmigo. Preguntó qué hacía. Le comenté que me alistaba para ir a un cumpleaños al cual no quería ir solo, y sin que se lo pidiera, dijo que me acompañaba. Me pareció raro porque hace 2 años que no la veía y tampoco buscaba hacerlo. Acepté y nos encontramos en un Fast Food, para no perder la costumbre.

Al vernos, surgieron las típicas preguntas: “¿Cómo estás? ¿Qué es de tu vida? ¿Qué has estado haciendo últimamente? ¿Cómo está la familia?”, entre otras que seguro son conocidas. Luego aparecieron las preguntas más íntimas, las relacionadas a parejas. En este punto estaba seguro que me diría que tenía problemas con su enamorado y no me equivoqué. Le dije que también tenía problemas en la misma área, aunque no tengo enamorada, hay asuntos que debo solucionar. ¿Qué pueden hacer dos personas con problemas amorosos un sábado por la noche? Ir a distraerse.

Luego de comer algo, era hora de ir al cumpleaños. Llegamos al local y al entrar vimos demasiadas parejas a nuestro alrededor. El amor estaba flotando en el aire excepto para nosotros. Sin embargo, no nos afecto. A ella siempre le ha gustado bailar y a mi no mucho, solo bailo si la chica es importante para mí. Lo primero que quería hacer era ir a la pista de baile (previo trago en la barra) y yo quería buscar a mi amiga para saludarla por su cumpleaños. Me acompañó a buscarla y luego de encontrarla, darle su besito y su abracito, me senté en la barra para escuchar la música y conversar un poco.

Por el ruido en la discoteca, sus palabras a veces no se entendían y debíamos pegar nuestras cabezas para hablar. Hubo un pequeño roce de rostros por eso, pero no tomé ventaja al respecto. Es mi amiga, hay que respetar, y sobretodo, debo respetar a su enamorado, sin importar la opinión que tenga sobre él. Luego me comenzó a insistir en bailar de una manera divertida. Al principio me negué rotundamente, pero sin ánimos de ser cagón. Lo hice de tal forma para no resultar antipático y que se distraiga conversando y tomando, pero no pude evitarlo y en vez de que ella me pida bailar, fui yo quien le dijo para bailar. Sonrió y nos fuimos a la pista de baile.

No sé cuánto tiempo estuvimos bailando, pero notaba a varias parejas de diferente clase alrededor nuestro. La que me llamó la atención fue la de un chico y una chica que casualmente se metieron a bailar justo a nuestro lado, luego de haber estado tomando en la barra, también a nuestro lado, y solo bailaban cuando nosotros lo hacíamos. Fuera de eso, la música me gustó bastante, hasta que pusieron algo de reggaeton y salsa. Justo, antes de ir al local, estuvimos conversando de cómo no nos gusta bailar esos géneros. Tal vez la salsa es de respeto, pero el reggaeton nos parece horrible, sobretodo a ella, jamás lo bailaría.

Entonces decidimos regresar a la barra, ir por más tragos y, después de ver a la cumpleañera tomándose fotos con todo el mundo, esconderme para no salir en esas fotos bochornosas y que me etiqueten luego.

Los tragos iban y venían y las canciones no variaban mucho. Parece que al DJ le gustaba el reggaeton. De pronto, hubo una canción que le gustó y me jaló para bailar. Me quedé sorprendido porque me había dicho que no bailaba reggaeton. Estando en la pista, le dije eso, pero la canción le gustaba y yo estaba bailando algo que no me gusta.

Y así pasó la noche, baile tras baile de canciones que no me gustaban mucho, hasta que cambiaron un poco el género y pusieron Molotov y luego otras canciones más, pasando por la salsa y yo bailando no sé cómo, pero bailando, alrededor de las mismas parejas y viendo como esos chicos de la barra nuevamente se colocaban a nuestro costado para bailar.

Dieron las 4 AM y era momento de retirarse. Me despedí de la cumpleañera y acompañé a mi amiga a dejarla a su casa. En el camino estuvimos un poco callados, mirando por la ventana cada uno. Decidí romper el hielo y preguntarle qué le pareció la noche. Sonrió y dijo que se divirtió mucho, pero que faltó una canción: Call Me de Blondie.

Llegamos a su casa y tuve un presentimiento extraño. Me dio la impresión que a la hora de despedirnos, terminaría besándola. Me parecía de lo más raro y sentí algo de temor, pero no hice algo al respecto. Si la noche debía terminar con ese continuará de nuevo amor que nace, que así sea. Pero no. Eso no sucedió. Recibí un beso en la mejilla y un “ya estamos hablamos”, además de un gracias por la velada, y un gran etc.

Me descuadró que no terminará como presentía que terminaría y, de alguna forma, me dejó con una sensación de derrota. Tal vez había leído mal las señales y comencé a recapitular en silencio durante todo el camino a mi casa. Recordé las conversaciones pegados en la discoteca, los bailes a los que no estoy acostumbrado, su sonrisa que ahora me parece muy bonita y todo lo que hice que normalmente no haría. Mi intención nunca fue la de gileo, pero… ¿no hay beso?

Y bueno, todo este relato fue mi respuesta a la pregunta que me hizo un amigo: cuándo fue la última noche que la pasé bien.


[Track: Blondie – Call Me]

jueves, 2 de abril de 2009

Highway To Hell

El fin de semana pasado fui a visitar un lugar que solía frecuentar con mis dos mejores amigas. Cada sábado íbamos, bailábamos, nos emborrachábamos, nos reíamos y las cargaba hasta sus respectivos hogares. Aquellos tiempos eran buenos tiempos, no solo por encontrarnos juntos, ya que dentro del local nos separábamos, sino porque al final de todo nos volvíamos a juntar.

Por aquellos tiempos, decidí volver a ese lugar, quién sabe lo que encontraría. El universo quiso jugar conmigo un poco y de entrada le presentó a mis ojos una metalera espantosa. Ni bien cruce la puerta, el primer espectáculo que vi fue a esta chica con un polo de Iron Maiden, Tour 2009 Lima-Perú, bailando como Axl Rose. En ese momento, mi mente le lanzó dos preguntas:

1. El concierto fue hace dos días, ¿por qué no te bañas?
2. ¿Por qué bailas como el vocalista de cada canción?

No tengo nada en contra de las metaleras, es más, me gustaría conocer a una para que vaya conmigo a los conciertos, me gusta la compañía femenina con buenos gustos. Pero, ¿esa chica? “Mejor voy por una cerveza” fue lo que me dije y lo que hice.

Ya con chela en mano, me comencé a pasear como usualmente lo hago. Así encontré a unos amigos que tenían cara de aburrimiento. Conversamos un rato hasta que unos flashes nos desconcentraron. Eran unos chiquillos tomándose fotos y haciendo tonterías, como cargarse mutuamente entre hombres y hacerle trampolín a cada uno. La canción Ob-La-Di, Ob-La-Da comenzó a sonar, como una señal del universo que realmente esos chicos son mongoloides. No quedaba de otra, había que pedir más cerveza.

Estaba esperando la siguiente performance del siguiente payaso que se cruzará en mi camino y… ¡apareció el fanático de Morrison! Debo advertir que este espécimen es común en cada generación. Siempre existe un chico que sobresale de los demás por pretender ser un amante total del rock. Todo lo que haga está relacionado a este género y su look debe ser parecido al de Jim Morrison, con unos toques actuales de esta época. La idea de un rockero le fascina y por eso busca escuchar toda la música y comprar toda la ropa que represente a un rockero. Es por esas razones que si escucha Love Me Two Times, corren rápidamente a un lugar donde todo el mundo lo vea, botando su vaso de cerveza al suelo antes (otra actitud que cree que lo convierte en un rockero) porque tiene que llegar lo antes posible, coger su guitarra de aire y comenzar a deleitarnos a todos con su mala imitación de Morrison. Bueno rockerito, si tú no quieres tomar, yo lo haré, tal vez así no me malogres la canción.

Ya era la 2 AM y veía a un monto de personas totalmente ebrias. Comencé a preguntarme si estaba tomando lo suficiente porque quería estar así. Luego apareció el último acto de la noche. Un chico con zapatos blancos estaba bailando solo y llamativamente, al ritmo de cada canción que sonara. Un amigo y yo lo observamos porque estaba demasiado cerca de nosotros. La situación era incomoda y ridícula. Luego aparecieron los demás personajes despidiéndose con sus grandes actuaciones, mientras gritaban Play that funky music white boy, el telón bajaba y yo me retiraba, diciendo en mi cabeza que pueden quedarse con ese mugroso lugar.

Camino a casa pensé en cómo comenzó a irse a la mierda uno de mis lugares preferidos. Creo que fue desde que mis dos amigas y yo nos separamos. Cada uno fue por distintos caminos que al final se cruzaron. Primero yo me encerré en mí mismo después de terminar con mi ex. Una de mis amigas comenzó a salir con un chico. Este chico le presentó un tipo a mi otra amiga (un tipo muy parecido a los personajes de esta noche, solo que de mayor edad y menor intelecto). Luego, mi ex comenzó a juntarse con esta amiga y su tipo y, después de intercambiar pensamientos respecto a la situación de cada uno, se formaron dos bandos, terminándose la amistad.

Aún me habló con una de ellas y sigue siendo mi mejor amiga. La otra se distanció y se olvidó que existimos. Nos reemplazó por la gente que nos hizo daño y ahora frecuenta junto a ellos este lugar.

Esa noche me recordó que ahora ese lugar es una reverenda mierda, a excepción de una persona que vi ese día justo cuando ingresé. Junto a esta metalera espantosa, había una chica que bailaba con ella. Me distrajo del bochornoso espectáculo de su amiga y me dio una buena impresión, con ganas de encontrarla en otro momento y decirle un hola. Pero por lo demás, una mierda.

Porque esa noche no importaba cuantas vueltas diera, al final sabía que no nos volveríamos a juntar. Así que, como dije antes: pueden quedarse con ese mugroso lugar.


[Track: AC/DC – Highway To Hell]